La conversión de este local en vivienda en Santander, nos llegó cuando el cliente encontró este local de 36 m2 y visualizó todo el potencial que éste tenía. Así, que después de realizar todas las consultas ,en el Ayuntamiento, se puso en contacto con nosotras, para sacarle todo su potencial.
No sólo quería un proyecto de arquitectura que le garantizara el cambio de uso de oficina a vivienda, también quería una idea atractiva y muy visual que entrara por los ojos, fresca, moderna y divertida. Así que nos pusimos manos a la obra con muchas ganas, porque nosotras también veíamos todo ese potencial.
Su mayor atractivo era: su doble altura, y la luz que entraba a raudales por toda la cristalera superior. Además, otra de las ventajas con las que contaba, es que se encontraba en la zona común de un edificio rodeado de verde, lo que le dotaba de cierta intimidad.
El verdadero reto de este proyecto fue encajar el tetris de normativa necesaria, para realizar este tipo de conversión de uso de local a vivienda.
No sólo hay que cumplir con el CTE (Código Técnico de la Edificación), como es obligación en cualquier proyecto de obra mayor. Hay que adaptar también la normativa de cada Comunidad Autónoma, para conseguir luego, la cédula de habitabilidad. Y por último, las ordenanzas en materia de vivienda de cada Ayuntamiento. Y todo esto, en muchas ocasiones, se contradice entre sí.
Así que empezamos a encajar todas esas piezas. Y en éste caso, en Cantabria, salvo el baño que puede tener un altura de 2,20 m., todas las demás estancias de la vivienda debían tener 2,50 m. y ventilación directa; por lo que situar adecuadamente el cuarto de baño, era fundamental para este proyecto.
El baño y la cocina se enviaron al fondo del local para poder aprovechar al máximo la doble altura del local y su luz en la mayor parte del local, y de esa manera, tan sólo dejar una pequeña zona de altillo sobre el baño que se pudiera aprovechar posteriormente.